Estaba yo pensando que qué
bonito es ser cargadero. Sí, imaginadlo.
Estar siempre ahí, inalterable, aguantando, se te va la vida en ello. Ves a la
gente pasar, contentos o tristes, guapos o feos, no importa, tu trabajo es muy
importante. Sin ti el hueco se desmoronaría o ni siquiera habría hueco.
Permites que entre la luz, el
aire o las personas, dependiendo de si eres un cargadero de ventana o de
puerta. Llevas tu labor con elegancia y discreción, mucha gente ni se da cuenta
de que estás ahí. Otras veces, sin embargo, te gusta destacar y llamar la
atención porque, a fin de cuentas, quieres que tu esfuerzo se valore. Entonces eliges
ser un dintel en condiciones, como esos de los que hablan los libros de Historia,
como el dintel que fue un día tu tatarabuelo.
Tienes amigos de acero, de
piedra y de hormigón, todos con la misma misión: soportar el peso de la
fachada. Con el tiempo también te haces amigo de los ladrillos que llevas
encima, ya sabéis lo que dicen, "el roce hace el cariño", y te das
cuenta de que aunque no se puedan sujetar a sí mismos, trabajando en conjunto
pueden llegar a formar verdaderas maravillas. Incluso si se esfuerzan mucho
pueden formar arcos, y recuerdas de las historietas que te contaba tu
tatarabuelo sobre las curvas que vio en su juventud.
Ahora los ladrillos han
perdido la costumbre de juntarse en arcos, prefieren que les ayudes a que
parezca que flotan. Si bien es cierto que pierdes protagonismo, y que ya no se
ven curvas como las de antes, tu trabajo sigue siendo vital. El Movimiento
Moderno realmente os dio más trabajo, más fachada que sujetar, mayor
discreción, pero el orgullo que se siente al decir "puedo soportar el peso
de la fachada de lado a lado" es inigualable.
Es una profesión dura, pero
como todas las profesiones duras, la satisfacción al hacer que alguien pueda
pasar por debajo o pueda ver un paisaje en toda su extensión, es enorme.
Mola. :)
ResponderEliminarMe encanta. Ojalá ser cargadero =)
ResponderEliminargracias :* :)
Eliminar