09 marzo 2015

Las prisas

Vivimos en un mundo acostumbrado a la inmediatez. Nos impacientamos cada vez más. Mensajes instantáneos, comida rápida, conexión 24 horas. Nos saturamos de información del exterior y queda poco tiempo para pensar. Siempre hay algo mejor, siempre hay algo más urgente, siempre hay una entrega. 
     
Atravesamos parterres que se cruzan en nuestro camino, cruzamos la calle por la mitad para no tener que caminar hasta el paso de peatones, constantemente buscamos atajos, hacemos trampas. Muchas veces se nos olvida contemplar, pararnos a mirar detenidamente lo que está a nuestro alrededor, ver arquitectura en lugar de edificios, ver personas en lugar de gente.
       
Deberíamos esforzarnos por levantar la cabeza y desconectar de lo virtual, al menos durante una hora. Incluso evitar el selfie "aquí, contemplando". Antes se vivía bien sin compartir cada momento de nuestra vida, resulta que es posible dar un paseo sin comunicárselo a las redes, sentarnos en un banco sin hablar por Whatsapp, ver un atardecer sin subir la foto. Quizás nos parece raro, pero después de esa pausa nuestro cerebro lo agradecerá.
      
No se trata de aislarse, se trata de buscar un equilibrio. Reservar un tiempo a la semana para uno mismo, a solas con sus propios pensamientos. Por eso es tan necesario diseñar zonas de descanso real, donde todo con lo que podamos conectar sea el entorno que nos rodea como espacios ultraconectados, con pantallas LED, enchufes y wi-fi a raudales.
       
Porque aunque tenemos demasiada prisa para leer completa la última entrada en un blog, la sensación nunca será igual que disfrutar de un buen libro al sol.