09 marzo 2015

Las prisas

Vivimos en un mundo acostumbrado a la inmediatez. Nos impacientamos cada vez más. Mensajes instantáneos, comida rápida, conexión 24 horas. Nos saturamos de información del exterior y queda poco tiempo para pensar. Siempre hay algo mejor, siempre hay algo más urgente, siempre hay una entrega. 
     
Atravesamos parterres que se cruzan en nuestro camino, cruzamos la calle por la mitad para no tener que caminar hasta el paso de peatones, constantemente buscamos atajos, hacemos trampas. Muchas veces se nos olvida contemplar, pararnos a mirar detenidamente lo que está a nuestro alrededor, ver arquitectura en lugar de edificios, ver personas en lugar de gente.
       
Deberíamos esforzarnos por levantar la cabeza y desconectar de lo virtual, al menos durante una hora. Incluso evitar el selfie "aquí, contemplando". Antes se vivía bien sin compartir cada momento de nuestra vida, resulta que es posible dar un paseo sin comunicárselo a las redes, sentarnos en un banco sin hablar por Whatsapp, ver un atardecer sin subir la foto. Quizás nos parece raro, pero después de esa pausa nuestro cerebro lo agradecerá.
      
No se trata de aislarse, se trata de buscar un equilibrio. Reservar un tiempo a la semana para uno mismo, a solas con sus propios pensamientos. Por eso es tan necesario diseñar zonas de descanso real, donde todo con lo que podamos conectar sea el entorno que nos rodea como espacios ultraconectados, con pantallas LED, enchufes y wi-fi a raudales.
       
Porque aunque tenemos demasiada prisa para leer completa la última entrada en un blog, la sensación nunca será igual que disfrutar de un buen libro al sol.

29 enero 2015

El Elogio de lo Cutre

Hipster, moderno, reciclado, cutre.

Ya sea como en la Nave 1 de Matadero, para no perder la memoria del matadero original, en la Tabacalera, porque al parecer no había dinero más que para limpiar lo justo, o en un bar de Malasaña, donde probablemente su objetivo sea atraer al público más hipster, la cuestión es que lo cutre está de moda. 

Inacabado, reaprovechado, antiguo, vintage.

Mi teoría es que, como todas las modas, aparece como reacción a la anterior. Antes lo mejor era la bicromía, los espacios impolutos y las líneas puras. Sin embargo, creo que nos hemos dado cuenta de que nos encontramos más relajados en espacios que podemos habitar sin miedo a romper o manchar algo. Porque, al fin y al cabo, solemos estar más a gusto en casa de nuestra abuela que en un quirófano. Ahora se trata de traer la casa de la abuela a la actualidad. Y no digo mediante imitación, sino literalmente rescatar muebles de los 80, 70 o hasta de los años 60 para decorar nuestro espacio y hacerlo más hogareño.

Materiales, instalaciones, desorden, color.

Parece que éstos nos atraen más que la frialdad del blanco y negro, de las superficies brillantes, de las líneas continuas.
Se lleva enseñarlo todo, como si hubiera confianza, con sinceridad. Ladrilllo visto, suelo agrietado, tubos vistos y cada silla de una forma. Porque, como dijo una amiga el otro día, "se lleva lo cutre". Es el paraíso para un estudiante de arquitectura: construcción, instalaciones y estructuras mientras se toma un café cuya fotografía irá directa a las redes sociales.

Realmente la situación es parecida a la que se da en las peñas de los pueblos: uno lleva el viejo sofá de su abuela, el otro las sillas que su tía iba a tirar y aquel una mesa que ya no quería. Se acaba juntando una mezcla extraña sin ningún tipo de estilo. La gran diferencia es que con cuidado y con mimo una vieja peña se puede convertir en una agradable sala de lo más hipster. 

El cuidado en lo descuidado es lo que hace que algo así sea bello, agradable, y hasta interesante.