Hipster, moderno, reciclado, cutre.
Ya sea como en la Nave 1 de Matadero, para no perder la memoria del matadero original, en la Tabacalera, porque al parecer no había dinero más que para limpiar lo justo, o en un bar de Malasaña, donde probablemente su objetivo sea atraer al público más hipster, la cuestión es que lo cutre está de moda.
Inacabado, reaprovechado, antiguo, vintage.
Mi teoría es que, como todas las modas, aparece como reacción a la anterior. Antes lo mejor era la bicromía, los espacios impolutos y las líneas puras. Sin embargo, creo que nos hemos dado cuenta de que nos encontramos más relajados en espacios que podemos habitar sin miedo a romper o manchar algo. Porque, al fin y al cabo, solemos estar más a gusto en casa de nuestra abuela que en un quirófano. Ahora se trata de traer la casa de la abuela a la actualidad. Y no digo mediante imitación, sino literalmente rescatar muebles de los 80, 70 o hasta de los años 60 para decorar nuestro espacio y hacerlo más hogareño.
Materiales, instalaciones, desorden, color.
Parece que éstos nos atraen más que la frialdad del blanco y negro, de las superficies brillantes, de las líneas continuas.
Se lleva enseñarlo todo, como si hubiera confianza, con sinceridad. Ladrilllo visto, suelo agrietado, tubos vistos y cada silla de una forma. Porque, como dijo una amiga el otro día, "se lleva lo cutre". Es el paraíso para un estudiante de arquitectura: construcción, instalaciones y estructuras mientras se toma un café cuya fotografía irá directa a las redes sociales.
Realmente la situación es parecida a la que se da en las peñas de los pueblos: uno lleva el viejo sofá de su abuela, el otro las sillas que su tía iba a tirar y aquel una mesa que ya no quería. Se acaba juntando una mezcla extraña sin ningún tipo de estilo. La gran diferencia es que con cuidado y con mimo una vieja peña se puede convertir en una agradable sala de lo más hipster.
El cuidado en lo descuidado es lo que hace que algo así sea bello, agradable, y hasta interesante.
Solo que por mas que lo intenten los espacios que imitan lo viejuno no dejan de ser impostados, pensados, colocados, no acaban de tener la naturalidad de una peña o la casa de la abuela. Para mi acaban siendo igual de artificiales e impersonales que los espacios blancos e impolutos, los chalés imitación caserio o las plantas de plástico.
ResponderEliminarjajaja depende del sitio, es verdad que a veces sí queda así pero a mí me suele gustar :)
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