26 febrero 2013

Amor a Primera Vista


Hace poco iba con mis padres (que no son arquitectos) en coche atravesando San Lorenzo de El Escorial, cuando vi una casa que me llamó muchísimo la atención, y es raro, porque yo no suelo fijarme en casitas y chalecitos, me llaman más los edificios grandes, también los de viviendas.
     
Me interesó tanto que mi padre paró el coche y bajé conmigo para ver la casa de cerca, pero no hice fotos porque había cámaras vigilando la valla :S
           
Aunque sólo vi la pequeña parte que quedaba a la vista desde la calle, la casa me encantó. Era evidente que era un buen proyecto y que el arquitecto había cuidado hasta el último detalle.
          
Por ejemplo, la valla que separaba la parcela de la calle estaba totalmente en armonía con la casa. Era toda metálica y estaba formada por planchas de la misma anchura pero distintas alturas colocadas transversalmente a la vivienda, por lo que mirándola de frente se veía todo, pero hacia los lados ya no, y entre esas planchas solamente había una rejilla ancha que dejaba ver a través.
               
Además, se entendía fácilmente que el arquitecto había querido adaptarse al entorno físico con formas que se asimilaban a la topografía y, utilizando el material típico de la zona, se adaptaba a la arquitectura tradicional (la pizarra pulida cubría todo excepto las ventanas) sin dejar de generar una arquitectura propia y actual. 
                             
La parte de la casa que daba a la calle era bastante cerrada, con pocos huecos. Sin embargo, intuía que era más abierta por el lado opuesto, donde había un bosque de pinos y la parcela se ensanchaba. Hasta donde yo veía, el hueco más grande, cubierto con vidrio traslúcido, no dejaba ver nada más que un montón de libros apilados al lado de la ventana.
               
Me pareció muy inteligente el hecho de que cubierta y muros no se diferenciaran porque, así, la adaptación al lugar era mayor. La cubierta llegaba hasta el suelo, generando planos inclinados por todas sus partes, lo cual es lógico en la sierra. 
              
En resumen, me enamoré de la casa.
                        
Intenté explicar a mis padres por qué era "buena arquitectura" y por qué me entusiasmaba tanto, al contrario que otras casas de la zona "muy monas" que les gustaban más a ellos. Siempre me decían que les parecía curioso que no me llamaran la atención los chalecitos que veíamos por la carretera, pero eso era porque aún no había visto una que me pareciera interesante de verdad.
                       
Me quedé pensando en la casa, con cierta rabia porque no sabía cómo averiguar el autor, quién era el dueño, ni siquiera sabía la dirección, porque, muy aguda yo, no me fijé en la calle en la que estábamos. Por tanto, iba a ser siempre "la maravillosa casa desconocida". 
                            
¡Hasta que en Técnicas de Acondicionamiento nos la pusieron como ejemplo!Tan solo vimos un pequeño plano y una mini foto, pero la reconocí al instante, ya sabéis, amor platónico. Por fin conocía su autor, su dueño y cómo funciona su sistema de ventilación.
                           
Es la casa Levene (editor de El Croquis), del arquitecto Eduardo Arroyo.
                
Enamoraos vosotros también.
                               
Ana

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Hola, me llamo Ana y soy ARQohólica


En verano me planteé abrir un blog, pero no llegué a hacerlo porque pensé que a la primera semana que tuviera entregas lo dejaría abandonado y finalmente no serviría para nada.
Mira tú por dónde, llego el primer día a mi clase de Proyectos III y nos dicen que tenemos que abrir uno! 
    
El blog se titula “Espacio para ARQohólicos” con la esperanza de que se convierta en un sitio donde cuente todo lo relacionado con arte y arquitectura que me interese, estudie, investigue, encuentre, vea o simplemente me apetezca comentar. 
     
¿Por qué ARQohólicos?   
Porque creo que a todos nos debería apasionar lo que estudiamos y en lo que trabajamos (ya sé que a veces no es posible, pero sería lo ideal). En Arquitectura pienso que esto es aún más marcado. Un arquitecto piensa en Arquitectura constantemente. Todo lo que le rodea, de un modo u otro, consigue relacionarlo con ella. ¿O no os han dicho nunca que la música, la literatura, la luz, la sombra, el agua hacen Arquitectura?
   
Porque un arquitecto se apasiona, se obsesiona. Esta obsesión no se debe entender como algo malo, sino todo lo contrario, ya que es lo que provoca que le demos millones de vueltas a una idea hasta que resulta en un proyecto (al menos es lo que deberíamos hacer). Y una obsesión puede derivar en una adicción. Una adicción a la Arquitectura que yo he llamado arqoholismo
    
Por tanto, todos los que padecemos esta enfermedad incurable que nos hace trabajar durante días enteros sin dormir hasta conseguir lo que queremos, somos arqohólicos.
  
Hola, me llamo Ana y soy ARQohólica.