Hoy llueve a mares. Dicen que nunca llueve a gusto de todos.
Algunos adoran la lluvia mientras para otros un día lluvioso es equivalente a
un mal día. Personalmente prefiero los días soleados pero la lluvia tampoco
me desagrada. Cuando vives en un sitio en el que llueve el 90% de los días del
año terminas por acostumbrarte al gris. El día que se van las nubes y aparece
el cielo azul es motivo de celebración y momento en el que te planteas de qué
color pintarán el cielo los niños del lugar.
¿Es tan malo el gris?
El gris es un color lleno de matices, a veces hasta ambiguo.
El color de un día nublado y el color del hormigón.
Norman Foster dice que no le gusta el hormigón porque se
moja y se ensucia, no mantiene una imagen constante en el tiempo. Sin embargo,
¿no es precisamente esa la belleza de la vida y de la arquitectura? Los pequeños matices y el paso del tiempo
forman el carácter de una persona y determinan la imagen de un edificio.
Cuando llueve, el hormigón se moja, aparecen las lágrimas,
las manchas, los contrastes. Aparece sobre él el paso del tiempo: por la
prolongación de las manchas se puede saber cuánto tiempo lleva lloviendo. Una vez
que las manchas se secan no llegan a desaparecer del todo, el agua deja un
residuo en el hormigón que pasa de ser parte del edificio.
No podemos evitar el paso del tiempo porque es intrínseco a
nuestra existencia. Por lo tanto, ¿no deberíamos asumirlo y disfrutar del
camino? ¿Recordar que ha llovido pero aprender a secarnos? ¿Asumir las manchas
que deja el agua y, sencillamente, aceptar el paso del tiempo con sus cambios?

como se suele decir, "el hormigón tiene un envejecimiento muy digno". esas marcas del tiempo en él, como las arrugas a las personas, le dan carácter. me gusta. sigue adelante :).
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